|
NECESITAMOS
SER NACIÓN
Documento
dado a conocer al término de la 87ª Asamblea Plenaria del Episcopado
15 de mayo de 2004
De donde
venimos
1.
A lo largo de estos últimos años, y más concretamente desde nuestra
participación en el Diálogo Argentino, describimos la situación de nuestro
país como una crisis moral y del bien común. Crisis de valores que en su
momento culminante se manifestó en disgregación, desencuentro y ruptura de
vínculos, y cuyo saldo más negativo fue la polarización social que nos
afecta y que se hace visible en tantos signos de pobreza y exclusión.
Sabemos que revertir este proceso demandará mucho tiempo y heroicos
esfuerzos.
2.
También desde hace tiempo descubrimos en el trasfondo de esta situación
una dimensión cultural secularista que “concibe la vida humana personal y
social al margen de Dios” (NMA,29). Olvido de Dios y de su ley que lleva a
un relativismo moral que afecta la concepción de la persona y de los
vínculos humanos, en primer lugar del matrimonio y de la familia, y que
pone en peligro la vida humana naciente cuando se quiere hacer olvidar que
el aborto es un crimen que mata al más indefenso de los seres humanos.
Relativismo que afecta seriamente a la educación de nuestros niños y
jóvenes al no fundarla en una escala de valores que priorice la persona,
el respeto de la ley y la construcción de la sociedad basada en la
justicia. Es ilusorio buscar solamente en la severidad de la ley el
encaminar a nuestros jóvenes en el bien y el respeto a la vida y a los
bienes ajenos.
3.
La inseguridad ciudadana –que mueve multitudes– también tiene su origen en
la carencia de valores, pero advertimos de otra inseguridad que alcanza a
muchos hermanos nuestros: la de las familias campesinas, aborígenes y de
algunos sectores urbanos que no tienen acceso a la tierra o se les
desconoce su propiedad. Asimismo la venta indiscriminada de grandes
extensiones en las que se desmonta el bosque nativo poniendo en peligro
al medio ambiente, casa común en la que todos debemos vivir.
Nuestro camino
4.
Los argentinos confiando en la ayuda de Dios y acudiendo a experiencias de
diálogo y comunión, pudimos encontrar en el momento más difícil de la
crisis, una primera salida sin violentar el orden institucional.
Pero, acaso,
¿hemos salido de la crisis? Nuestra visión exitista nos puede hacer
ilusionar una vez más en que nuestra salvación consiste en el incipiente
repunte económico por el que atravesamos.
Si las causas
de la crisis son tan hondas, el camino a recorrer será arduo y no exento
de sacrificios. Las experiencias de diálogo, de la búsqueda de comunión y
de reconciliación, que en lo peor de la crisis nos permitieron dar los
primeros pasos, son las que debemos seguir profundizando, excluyendo toda
forma de violencia que vulnere los derechos de terceros.
Es el camino
de las reformas profundas que permitan restablecer una mayor confiabilidad
en los representantes del pueblo y un renovado fortalecimiento de los
poderes del Estado.
Es el camino
de la búsqueda de políticas consensuadas que trasciendan a personas y
gobiernos y faciliten una participación ciudadana más amplia, que impedirá
la acumulación de poder en unos pocos y ayudará a desterrar los
caudillismos y personalismos que tanto mal han causado a nuestro pueblo,
debilitando las instituciones.
Nuestro compromiso ciudadano
5.
En la oración preparatoria del Xº Congreso Eucarístico Nacional le pedimos
al Señor que “sea el acontecimiento de gracia que nos devuelva a Jesús
como autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano”. Este es uno
de los frutos que se derivan de la novedad de la resurrección de
Jesucristo y nos ha de impulsar a todos los cristianos a vivir en nuestro
país de una manera totalmente nueva, desterrando de nosotros los criterios
y comportamientos sociales contrarios al bien común y no acordes con el
Evangelio de Jesús. Éste nos manda resistir el mal con el bien, y no ceder
a la corrupción por pequeña que fuere. No podemos olvidar que nuestra
crisis es fruto de innumerables claudicaciones en la conducta moral de los
ciudadanos, en particular de sus dirigentes. Sólo podremos salir de ella
con “hombres y mujeres honestos y capaces, que amen y sirvan a la Patria”,
que cumplan sus deberes y no se contenten únicamente con exigir sus
derechos.
6.
Entre las muchas tareas a las que nos llama hoy nuestro compromiso
ciudadano creemos fundamental “hacer posible la reconciliación en nuestra
sociedad, herida por la división y el desencuentro”. A los argentinos el
pasado nos sigue pesando demasiado. Si lo asumimos desde la
reconciliación, en lugar de ser causa de divisiones se transformará en
escuela que nos enseñe todo lo que debemos hacer para integrarnos y crecer
en comunión.
En esto los
cristianos tenemos una tarea insustituible, pues nos capacita para ello
nuestra fe en Jesús, que nos reconcilió con el Padre y entre nosotros,
mediante su muerte en la cruz. No es menos dolorosa la profundización de
nuevas divisiones en el presente con la marginación y exclusión de una
gran parte del pueblo. Por ello, otra gran tarea que nos toca es promover
“la auténtica solidaridad con quienes están más heridos a causa de la
injusticia y de la pobreza”.
7.
Concluimos este mensaje pidiendo al Señor que sea Él quien “inspire
nuestros proyectos y esperanzas”. Hoy decimos a todos que no solo
“queremos ser Nación” sino que necesitamos ser Nación, “cuya
identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común”.
Lo necesitamos para que todos los argentinos sin exclusión alguna podamos
vivir nuestra dignidad de hijos de Dios y para insertarnos en una sana y
fraterna convivencia con todas las naciones del mundo.
Una vez más
ponemos nuestra esperanza en manos de María Santísima, quien siempre
estuvo a nuestro lado acompañándonos con su maternal protección.
Los obispos de la Argentina, reunidos en la 87ª
Asamblea Plenaria
San
Miguel, 15 de mayo
de 2004
Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2474 del 19 de mayo de 2004 |