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DOMINGO
DEL BUEN PASTOR
Mensaje de monseñor Oscar Domingo Sarlinga, obispo de Zárate-Campana,
con motivo del Domingo del Buen Pastor
(30 de abril de 2009)
I -
EL PASTOR, «EL QUE LAVA LOS PIES», EL QUE ES «LA PUERTA» Y QUE SE
ENTREGÓ «POR MÍ»
Nos aproximamos al
Domingo del Buen Pastor, y Jornada Mundial de Oración por las
Vocaciones. Necesitamos obreros para la Mies, Pastores según el Corazón
de Jesucristo, Rey de los Pastores, que «laven los pies» a los
discípulos, en el profundo significado espiritual, eucarístico y de
servicio, entrega generosa a la Causa del Reino de Dios, al bien de los
hermanos y hermanas que nos han sido encomendados. Si meditamos con el
Evangelio según San Juan, en el Libro de la «Hora» de Jesús (Jn. 13,
1-14) resonará en nuestro interior, con la ayuda del Espíritu, la
pregunta de Jesús a sus discípulos, y la respuesta a la que los conduce:
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa
y les dijo: "¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?” (Jn 13:12).
Y prosigue, afirmando ser el Maestro: “Ustedes me llaman Maestro y
Señor; y tienen razón, porque lo soy” (Jn 13:13). A continuación, sobre
la base de su ejemplo, exhorta al espíritu de servicio y entrega,
fontales, totales: “Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado
los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros” (Jn
13:14).
Entrega a su Causa, a
la que abraza su Cuerpo, que es la Iglesia, y que posee como aspectos
integrativos la Evangelización (la cual es la misión misma de la
Iglesia, cuyo Nombre es «Misión») y la promoción humana, tan integral
cuanto el ser humano es integral, por su dignidad que le viene de ser
Imagen de Dios. «Lavar los pies» ha de ser un gesto litúrgico del Jueves
Santo, sí, pero ese gesto ha de ser expresión viviente de una vida
dedicada por entero. Más allá de los gestos, incluso, sólo al momento de
exhalar el último suspiro, podremos ver «como Dios lo ve», cuánto lo
hayamos hecho de verdad. Ojalá, de corazón, todos escuchemos: «Venid,
benditos de mi Padre». Sólo el Señor juzga con Justicia y Misericordia
infinitas. Nosotros, pidamos Misericordia.
Ahora: ¿cuál es el
origen del Pastor?. Sabemos que Israel ha sido el pueblo de la Alianza,
elegido por Dios para realizar el proyecto universal de salvación; su
Pastor ha sido el mismo Dios, de lo cual habla el Antiguo Testamento, a
modo de ejemplo, por boca de Isaías, Jeremías y Ezequiel, en cuyas
palabras resuena el tema del «Mesías-Pastor» y de la «grey del Señor»,
refiriéndose al Pueblo de Dios (Cf Is 40,11; Ez 34,23). Dentro de los
Salmos, el 22 es por excelencia el himno al Señor Pastor: “El Señor es
mi Pastor; nada me puede faltar; en praderas cubiertas de verdor, Él me
hace descansar, me conduce por las aguas tranquilas... me guía por el
recto camino... Aunque cruce por oscuras quebradas, ningún mal temeré,
porque Tú estás conmigo...” (Sal 23,1-3).
En la Nueva y Eterna
Alianza, Jesús habla de sí mismo como «el Buen Pastor» que da la vida
eterna a sus ovejas (cf. Jn 10, 28), la vida de verdad, belleza,
hermosura, y perenne novedad en Él, «que hace nuevas todas las cosas».
En la lengua griega, «bueno» y «hermoso o bello» pueden ser
equivalentes, por eso, al respecto, nos enseñaba Benedicto XVI en el año
2007: “Al término "pastor" el evangelista añade significativamente el
adjetivo «kalós», hermoso, que utiliza únicamente con referencia a Jesús
y a su misión. También en el relato de las bodas de Caná el
adjetivo«kalós» se emplea dos veces aplicado al vino ofrecido por Jesús,
y es fácil ver en él el símbolo del vino bueno de los tiempos mesiánicos
(cf. Jn 2, 10)” (1). No es de extrañarnos que el mismo Jesús, que se
designa «Pastor», y por consiguiente el que guía a las ovejas, se llame
también a sí mismo «Puerta» (Cf Jn 10, 7) porque sólo a través de Él, el
Pastor por antonomasia, entran tanto las ovejas como aquéllos que por Él
mismo son hechos «pastores».
En el Nombre de Cristo
se es Pastor, razón por la cual los invito a meditar sobre la lectura
del Libro de los Hechos, en este Domingo: «No hay bajo el cielo otro
nombre que podamos invocar para ser salvos» (Hch 4,12). El significado
de esta afirmación consiste en que Jesús es el dador de gracia, el dador
de la vida divina por medio del Bautismo y de los otros sacramentos.
Cuando Él se manifieste en su Gloria, nosotros semejantes en todo a Él,
y lo veremos como Él es, «Él, el que es» (Cf 1 Jn 3,3). Mientras tanto,
en esta vida, tanto nos conoce y nos ama, que lo hace personalmente y
con valor eterno. Por eso San Pablo usa la frase: se entregó «por mí» (Cf
Gal 2,20).
II -
JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
En 1963 el Papa Pablo
VI designó la Fiesta del Buen Pastor como la Jornada Mundial de Oración
por las Vocaciones. En primer lugar, la Iglesia nos invita a honrar la
vocación común a la Santidad que todos los cristianos hemos recibido, en
tanto Pueblo Sacerdotal. En efecto, por los sacramentos del Bautismo y
de la Confirmación cada cristiano está llamado a dar testimonio y a
anunciar el Evangelio. Desde esta perspectiva, Jesús quiere que cada uno
de los cristianos, sea «buen pastor», en sentido en que todos los
cristianos, por fuerza del Bautismo, están llamados a realizar un buen
pastoreo en el ambiente en el que vive (2).
Sin embargo, en este
Cuarto Domingo de Pascua la Iglesia también, de modo especial, se
refiere a las palabras de Cristo, considerándolas a la luz de los
pastores que guíen al pueblo a ellos encomendado, que trabajen por él:
«...pedid al dueño de la mies que envíe obreros a su mies...»; y por
ello este Domingo es dedicado particularmente a pedir a Dios por las
vocaciones sacerdotales, las vocaciones al sacerdocio ministerial. El
sacramento del Orden hace partícipes a quienes lo reciben de la misma
misión de Cristo, en tanto llamados a la siembra de la semilla de la
Palabra Divina, a distribuir la Misericordia de Dios, a reconciliar, y a
dar de comer a los fieles en la Mesa del Cuerpo y Sangre de Cristo. Es
una misión maravillosa, y que exige responsabilidad, pues el pastor
defiende a sus ovejas y ofrece hasta la vida por ellas. El pastor
continuamente desea que, en uso de la libertad, la grey crezca y se
fortalezca (Cf Jn 10,16).
III
- LAS VOCACIONES SACERDOTALES EN NUESTRA MISIÓN PASTORAL COMO SACERDOTES
Queridos hermanos,
permítanme que me dirija ahora especialmente a los sacerdotes. Como
antes lo hemos mencionado, el Señor nos ha dicho: «...la mies es mucha y
los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a
su mies...» (Mt 9, 37). Siempre será una dedicación maravillosa la que
consagremos al aumento, perseverancia y santificación de las vocaciones
sacerdotales y religiosas, con buen espíritu, con entusiasmo, con
alegría. Vale la pena subrayar las últimas palabras del pasaje de los
Hechos de los Apóstoles: "Los discípulos quedaron llenos de gozo y del
Espíritu Santo" (Hch 13, 52). Así Dios da mayor alegría al que da con
alegría. Y especialmente al que con su oración, testimonio y acción
apostólica trabaja por las vocaciones. Los invito a reflexionar cuánto
de nuestra vida sacerdotal hemos dedicado a ese aspecto tan importante
de nuestra misión.
Muchas bendiciones
esperamos de la CONSAGRACIÓN DE NUESTRA DIÓCESIS AL SAGRADO CORAZÓN DE
JESÚS, para que Él nos dé «pastores según su corazón». Un servidor les
decía, el pasado año: “Como comunidad diocesana, la Fiesta de Nuestra
Señora de Luján, Patrona de nuestra diócesis, la celebraremos este año,
el sábado 3 de mayo, en Santiago del Baradero, cuya parroquia matriz
cumple 370 años. Hemos cumplido así con una de las primeras propuestas
del consejo presbiteral y del consejo pastoral, habiendo celebrado la
Fiesta patronal diocesana en la iglesia catedral de Santa Florentina
(2006), en la Inmaculada Concepción de Maquinista Savio (2007) y en este
2008, en Santiago del Baradero. Todo ello cual signo de la unidad
diocesana. Dios mediante, en 2009 será celebrada en la Natividad del
Señor, de Belén de Escobar, precedida por la «misión joven», como hemos
venido haciéndolo desde 2007” (3). Este año tenemos la gracia de
consagrar nuestra Iglesia particular al Corazón de Jesús, todavía dentro
del Año Paulino Jubilar, y a poco de Comenzar el AÑO SACERDOTAL, a que
ha convocado nuestro Papa Benedicto XVI.
¡Que Dios nos dé el
recibir grandes bendiciones!. Pongamos en el Corazón del Gran Pastor
Resucitado a todos nuestros seres queridos, a los que sufren, a los que
se encomiendan a nuestras oraciones, a los que esperan (aún sin saberlo
cabalmente) de nuestro testimonio evangelizador y caritativo… Y que esta
confianza en Dios Altísimo venga de la mano de nuestra Madre, la Madre
de la Iglesia, en su advocación de NUESTRA SEÑORA DE LUJÁN, Nuestra
Patrona.
Mons. Oscar Domingo Sarlinga, obispo de Zárate-Campana
Notas
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(1) BENEDICTO XVI,
Homilía en la ordenación de 22 diáconos de Roma, Santa Misa de
Ordenaciones Sacerdotales con ocasión de la Jornada mundial de oración
por las vocaciones, Basílica Vaticana, IV Domingo de Pascua, 29 de abril
de 2007.
(2) Cf JUAN PABLO II,
Visita alla Parrocchia Romana di Sant’Antonio da Padova, Omelia di
Giovanni Paolo II, Roma, 6 de mayo de 1979 (“Ustedes, padres de familia,
deben ejercitar las funciones del Buen Pastor para con sus hijos, y
también ustedes, hijos, deben ser de edificación con su amor (…) También
las recíprocas relaciones entre los cónyuges deben tener la impronta del
ejemplo del Buen Pastor (…) Así pues en la escuela, en el trabajo, en
los lugares de esparcimiento y en el tiempo libre, en los hospitales y
donde se sufre, siempre cada uno busque de ser «buen pastor» como Jesús.
Pero sobre todo sean «buenos pastores» en la sociedad las personas
consagradas a Dios (…) El mundo de hoy tiene más que nunca necesidad de
testigos convencidos y totalmente consagrados”).
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