Pesar por el fallecimiento del Pbro. Alfredo Lozada, sacerdote del Opus Dei
- 15 de enero, 2026
- Buenos Aires (AICA)
Murió de manera sorpresiva en La Plata y recibió el recuerdo y la oración del prelado de la Obra, monseñor Fernando Ocáriz, quien destacó su fidelidad y entrega sacerdotal.
El presbítero Alfredo Lozada, sacerdote del Opus Dei, falleció de manera sorpresiva, a los 72 años, el 13 de enero en la ciudad bonaerense de La Plata. Había desarrollado una sostenida labor pastoral en distintos ámbitos de la Iglesia.
El padre Lozada pertenecía a la prelatura del Opus Dei, institución de la Iglesia Católica que promueve la santificación de la vida ordinaria. En ese marco ejerció su ministerio sacerdotal, con especial dedicación al acompañamiento espiritual de los fieles vinculados a la Obra.
Nacido el 23 de julio de 1953 en Buenos Aires, era el segundo de nueve hermanos en una familia de acendrada fe católica. Sus padres eran cordobeses, radicados en Bella Vista, provincia de Buenos Aires: el doctor Carlos Lozada Allende, abogado de gran trayectoria como director de la Inspección General de Justicia, y su madre, Teresita Olmedo, maestra, que durante años se desempeñó en la librería y editorial Córdoba, en la ciudad de Buenos Aires.
Alfredo Lozada estudió el secundario en el colegio Don Jaime, en Bella Vista, y luego inició la carrera de contador en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Vinculado desde adolescente al Opus Dei, participaba en el club juvenil Caldén, en el barrio porteño de Belgrano. En 1973 se trasladó a Rosario; allí vivió en el Centro Universitario del Litoral, donde impulsó actividades de formación cultural, deportiva y espiritual entre jóvenes estudiantes e hizo muchos amigos. Se graduó de contador en la Universidad Nacional de Rosario en 1977.
Tras completar estudios filosóficos y teológicos en Roma, fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1980 en el santuario de Torreciudad, en España.
Vuelto al país, pasó casi todos los 45 años de su vida como sacerdote en Rosario, con unos años de intermedio, entre 1983 y 1990, en Mendoza, donde dejó muy buenos recuerdos.
En Rosario, mantuvo un trato fraterno con sacerdotes diocesanos. Además de atender distintas iniciativas apostólicas, se desempeñó en el centro educativo Cuatro Vientos, en el populoso barrio Cabín 9, surcado por fuertes necesidades materiales y espirituales, formado por migración interna en la vecina localidad de Pérez, a la vera del ferrocarril. Allí muchos chicos reciben apoyo escolar y se dan cursos de formación en oficios.
También funciona allí el jardín de infantes Surcos, que publicó: "Gracias, querido padre, por habernos acompañado durante tantos años, dejándonos tantas enseñanzas y recordándonos la certeza de que no estamos solos: que Jesús, la Virgen María, San José y los Ángeles Custodios nos acompañan y guían en cada momento de nuestra vida. ¡Hoy seguramente ellos mismos lo estarán recibiendo en el Cielo con gran alegría! Gracias por su tiempo, gracias por su entrega y cariño hacia nuestro querido Jardín".

Parte de su servicio pastoral tuvo lugar en jurisdicción de la diócesis de San Nicolás de los Arroyos, donde atendió a los miembros del Opus Dei y colaboró con la vida pastoral local.
Allí también se desempeñó como capellán del Colegio "Los Aromos", función desde la cual acompañó a la comunidad educativa mediante la celebración de la Eucaristía, la administración de los sacramentos y la orientación espiritual de alumnos, familias y personal de la institución.
Viajó en diciembre varias veces a San Nicolás, a Pergamino y a Santa Teresa. Ponía mucha ilusión y cariño en la atención de personas en esos lugares, a pesar de que le costaban especialmente los viajes a otras ciudades por su enfermedad de diabetes.
Como sacerdote, desarrolló las tareas propias de su ministerio: la celebración de la liturgia, la confesión, la dirección espiritual y el acompañamiento pastoral de quienes acudían a él en busca de consejo y apoyo en su vida de fe.
En 1992 publicó el folleto "Aprender a hablar de Dios en público", editado por la Fundación Síntesis, de Rosario, con imprimatur del entonces arzobispo de esa ciudad, monseñor Jorge Manuel López.
Discreto, de bajo perfil y temperamento tranquilo, contento y de buen humor, abierto a escuchar atentamente y a darse generosamente a los demás, siempre estaba dispuesto a atender a quienes quisieran hablar con él y a brindarles su consejo ponderado. Así recogió en su vida innumerables amigos, lo que se evidenció en la alta y emocionada concurrencia al velatorio y el entierro.
Carta del prelado del Opus Dei
Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, el prelado del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz, envió una carta al presbítero Juan Llavallol, vicario regional de la nueva Región del Plata (Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia), fechada en Roma el 14 de enero de 2026. En la misiva expresó su cercanía espiritual y su unión en la oración por el eterno descanso del padre Lozada.
En la carta, el prelado destacó la fidelidad del sacerdote "hasta el final", su amor a la vocación en la Obra y a su sacerdocio, y su esfuerzo constante por acercar a Jesucristo a las personas de su entorno, incluso en medio de la enfermedad. Señaló también que su fallecimiento se produjo de manera inesperada, mientras se encontraba realizando su curso anual, y animó a confiar una vez más en la voluntad de Dios.
Monseñor Ocáriz invitó a dar gracias por la vida y la entrega del padre Lozada, pidió transmitir su pésame a quienes compartieron con él la vida cotidiana y recordó de modo particular a sus hermanos. Asimismo, alentó a acudir a la intercesión de san Josemaría Escrivá para renovar los deseos de fidelidad en el nuevo año.
Los ritos exequiales se realizaron el jueves 15 de enero en la ciudad de Rosario. A partir de las 10 tuvo lugar el velatorio en la parroquia San Cayetano, ubicada en Buenos Aires 2158. Rezó un responso el vicario general de la arquidiócesis, monseñor Emilio Cardarelli, quien se hizo presente en representación del arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Martín, que se hallaba fuera de la provincia. A las 12.30, en el mismo templo, se celebró la misa exequial, que presidió el arzobispo emérito de San Juan monseñor Alfonso Delgado y concelebraron nueve sacerdotes.
El sepelio se efectuó el viernes 16 en el cementerio jardín de Funes, ciudad vecina a Rosario.+