'Sal y luz para dar vida': la Iglesia agradeció el legado del cardenal Pironio en Luján

  • 9 de febrero, 2026
  • Luján (Buenos Aires) (AICA)
Ante una basílica colmada, monseñor Scheinig presidió la Eucaristía e invitó a renovar el llamado a ser "sal de la tierra y luz del mundo" a la luz del testimonio del beato.

La Acción Católica Argentina, junto al Instituto Nacional de Formación de Pastoral de Juventud Cardenal Pironio y numerosos fieles, celebró el 8 de febrero la memoria litúrgica del beato cardenal Eduardo Pironio en la basílica de Nuestra Señora de Luján. La celebración reunió a quienes continúan haciendo memoria viva de la vida, el testimonio y el pensamiento de este pastor argentino marcado por el Evangelio, para dar gracias a Dios por el don que significó para la Iglesia este siervo fiel, pastor cercano y profeta de esperanza.

La Eucaristía fue presidida por monseñor Jorge Scheinig, arzobispo de Mercedes-Lujá<<n, acompañado por monseñor Carlos Malfa, obispo emérito de Chascomús. En su homilía, monseñor Scheinig se centró en el Evangelio según san Mateo, donde Jesús llama a sus discípulos a ser "sal de la tierra y luz del mundo". A partir de esta imagen, profundizó en el significado de ambos símbolos en el contexto bíblico, recordando que la sal no solo daba sabor sino que también conservaba los alimentos, y que la luz representaba vida, salud y energía frente a la oscuridad, asociada a la enfermedad y la muerte.

Desde esta clave evangélica, el arzobispo afirmó que Jesús no plantea una exigencia futura, sino una identidad presente para quienes lo siguen. "Ustedes son sal y luz. Ustedes están llamados a dar vida ahí donde estén", expresó. Invitó a no perder el sentido, a no esconder la luz ni dejar de iluminar la realidad cotidiana con gestos concretos de fe, cercanía y esperanza.


En este marco, monseñor Scheinig presentó al beato cardenal Pironio como un testimonio claro y reconocible del Evangelio. Señaló que fue un hombre al que se identificaba rápidamente con Jesús y con su mensaje, y repasó su camino pastoral y eclesial: sus inicios en Mercedes, su servicio en distintas diócesis argentinas, su tarea en el Consejo Episcopal Latinoamericana y su rol decisivo para la recepción del Concilio Vaticano II en América Latina.

También destacó su servicio a la Iglesia universal, primero en el acompañamiento de la vida consagrada y luego en el trabajo con los laicos, así como su compromiso con los jóvenes. En este sentido, recordó su participación como gestor de la visita de san Juan Pablo II a la Argentina en 1987, en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Domingo de Ramos.

El arzobispo subrayó que el cardenal Pironio no tuvo miedo de ser sal y luz, que no se escondió y que supo decir una palabra evangélica en las circunstancias históricas que le tocó vivir. En este punto, afirmó: "No tengan miedo de ser sal y luz porque Jesús nos acompaña para dar vida en la sociedad que vivimos hoy; llenemos los distintos ambientes y la realidad que cada uno vive personalmente y también como sociedad con la voz de Jesús".

La homilía concluyó con una invitación a revisar la propia vida y a preguntarse dónde y cómo cada cristiano puede ser sal y luz en la realidad concreta, sin ceder al miedo ni a la tentación de ocultarse. "No nos escondamos. No tengamos miedo: el Señor nos acompaña para dar luz, para dar sabor a la vida", expresó.

Al finalizar la Eucaristía, los presentes se dirigieron a la tumba del beato cardenal Pironio, donde realizaron una oración comunitaria tomada de la estampa con su oración. El momento concluyó con el rezo de un Ave María y la colocación de una ofrenda floral, como gesto de gratitud y memoria agradecida por su vida y su legado en la Iglesia.+