El Card. Pizzaballa invocó por 'la reconciliación y el don de una paz justa'
- 11 de febrero, 2026
- Jerusalén (Tierra Santa) (AICA)
En su Mensaje para la Cuaresma, el Patriarca Latino de Jerusalén invitó a vivir este tiempo como "una oportunidad para purificar el corazón, renovar la fe y reorientar la vida hacia Dios".
"Oración, penitencia y conversión: este es el camino común que la Iglesia nos invita a recorrer para llegar a la Pascua. Es un tiempo de gracia y una oportunidad para purificar el corazón, renovar la fe y reorientar la vida hacia Dios", recordó el Patriarca Latino de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa, en su mensaje para la Cuaresma, publicado hoy en la Ciudad Santa.
"En Tierra Santa -escribe el patriarca- estamos llamados a seguir con particular intensidad los pasos del Salvador, a adentrarnos más plenamente en el misterio de su amor redentor y a responder a su invitación a seguir sus huellas".
En su mensaje, insta a los fieles, ante todo, a redescubrir el sacramento de la Reconciliación, a través del cual descubrimos el rostro tangible de la misericordia del Padre. "Permitamos que la gracia de Cristo, obtenida con gran sacrificio en el madero de la cruz aquí, en nuestra tierra, renueve en nosotros la belleza de nuestro bautismo y nos haga testigos más libres y gozosos de su paz". Luego invita a la oración personal y comunitaria, "el alma del camino cuaresmal. Dediquemos momentos de silencio, como Jesús en Getsemaní, para confiar a Dios nuestros trabajos, nuestras esperanzas y nuestros deseos de bien. Que el rezo del rosario, además, se convierta en nuestra brújula diaria".
El patriarca pide que "se preste especial atención a la oración por la paz. Desde Tierra Santa, encrucijada de pueblos y credos, elevamos a Dios una insistente súplica de reconciliación, por el fin de toda violencia y por el don de una paz justa y duradera para todos los habitantes de esta tierra amada y atormentada". Reconciliación, oración, pero también ayuno y abstinencia, especialmente el Miércoles de Ceniza, que marca el inicio de la Cuaresma, y el Viernes Santo.
"El ayuno -recuerda el cardenal Pizzaballa- es una antigua y fructífera práctica de purificación interior. Nos ayuda a desprendernos de lo superfluo para buscar lo esencial: Dios y su Reino". "Nuestro ayuno -añade el texto- debe realizarse con caridad activa, con la mirada puesta en los pobres".
De ahí la invitación: "En cada parroquia y comunidad, conviene organizar colectas especiales de Cuaresma para los pobres y los necesitados. Que el dinero ahorrado con nuestros sacrificios -una comida menos, un pequeño sacrificio diario- se convierta en una ayuda tangible para las familias en dificultad, los desempleados, los ancianos que viven solos, los niños que sufren. Visitemos a los que están solos, compartamos nuestro tiempo con los enfermos. No permitamos que nuestra penitencia sea estéril, sino que la transformemos en amor que se convierta en cercanía, especialmente hacia los más vulnerables de nuestra sociedad, a menudo marcada por la tensión".
"En esta tierra santificada por la sangre de Cristo -evoca Pizzaballa- "estamos llamados a ser, ante todo, trabajadores de la paz. Que nuestro testimonio cristiano se realice a través del respeto, el diálogo sincero y la búsqueda incansable de la justicia. Que nuestras oraciones y nuestras obras de caridad, dirigidas a todos sin distinción, sean el signo más elocuente de nuestro compromiso en favor de la reconciliación y de la paz".
"La Cuaresma no es un viaje sin destino. Es la peregrinación hacia la Pascua, hacia la luz invencible de la mañana de la Resurrección. Cada uno de nuestros pasos, cada sacrificio, cada gesto de caridad, está iluminado por la esperanza de la Resurrección. Esta certeza nos da la fuerza para caminar, convertir nuestros corazones y amar sin reservas, mirando hacia la alegría que nos espera", concluyó.+