Mons. Azpiroz Costa: un llamado a una conversión 'del corazón y no del ritual'
- 20 de febrero, 2026
- Bahía Blanca (Buenos Aires) (AICA)
El arzobispo de Bahía Blanca invitó a vivir la Cuaresma con una reconciliación sincera con Dios y con los hermanos; advirtió sobre el riesgo de reducir la fe a gestos externos sin compromiso interior.
El arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Carlos Azpiroz Costa OP presidió la celebración del Miércoles de Ceniza en la catedral e invitó a los fieles a iniciar la Cuaresma con una conversión auténtica del corazón, evitando el ritualismo y abriéndose a la reconciliación con Dios y con los hermanos.
En su homilía, el prelado subrayó la fuerza de los verbos en modo imperativo presentes en las lecturas del día. Citó especialmente al profeta Joel -cuyo nombre significa "el Señor es Dios"-, quien exhorta: "Desgarren su corazón y no sus vestiduras", y llamó a no reducir la práctica religiosa a un cumplimiento exterior. "El ritual es una cosa, el ritualismo es otra", explicó, advirtiendo sobre el riesgo de absolutizar gestos externos sin vivir su contenido interior.
También retomó las palabras de san Pablo en la Segunda Carta a los Corintios: "Déjense reconciliar con Dios", destacando que el apóstol reconoce la libertad humana incluso frente a la gracia. En la misma línea, señaló que el Evangelio -tomado del Sermón de la Montaña- invita a practicar la limosna, la oración y el ayuno sin ostentación ni búsqueda de reconocimiento.
El arzobispo explicó que la oración fortalece la relación con Dios, la limosna vincula con los demás -especialmente con los más necesitados- y el ayuno ordena la relación con los bienes creados. Añadió que el ayuno no se limita a la comida, sino que implica también abstenerse de palabras que hieren, insultos y actitudes que dañan la convivencia.
Al referirse al sentido de la ceniza, recordó que no se trata de un signo de destrucción ni de confrontación, sino de humildad: reconocer que "fuimos hechos del polvo y al polvo volveremos". En este contexto, mencionó la predicación del Papa en la basílica romana de Santa Sabina y su enseñanza sobre la necesidad de vivir este tiempo como camino comunitario.
Asimismo, evocó el episodio bíblico de la zarza ardiente y la vocación de Moisés, subrayando que "nunca es tarde" cuando Dios llama a la conversión y compromete a cada persona frente al sufrimiento y la injusticia.
Por último, citó a san Bernardo de Claraval y sus tres recomendaciones para la vida espiritual: la "acusación de sí mismo" (reconocer las propias faltas con humildad), la alabanza a Dios y la edificación del prójimo mediante la corrección fraterna.
La imposición de la ceniza a los fieles, es un gesto comunitario que, según expresó el arzobispo, manifiesta la dimensión compartida de la penitencia y el deseo de "dilatar el corazón" para acoger a todos, especialmente a quienes no pueden o no saben acercarse a la Iglesia.+