Cuaresma: Mons. Colombo llamó a vivir la obediencia y resistir las tentaciones
- 22 de febrero, 2026
- Maipú (Mendoza) (AICA)
El arzobispo de Mendoza reflexionó sobre la fragilidad humana, las tentaciones de Jesús en el desierto y la necesidad de confiar en el poder de Dios para ordenar la vida interior.
El arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, presidió la misa del Primer Domingo de Cuaresma, el 22 de febrero, en la Parroquia Sagrado Corazón, en Cruz de Piedra, Maipú Allí reflexionó sobre la obediencia a Dios y las tentaciones, a partir de los textos bíblicos propuestos por la liturgia.
En su homilía, el prelado recordó el relato del Génesis sobre la desobediencia de Adán y Eva, y señaló que ese pasaje "nos habla de nuestra fragilidad" y de la condición de hijos de Dios llamados a perseverar en la obediencia. Explicó que, tras la desobediencia original, se desencadenó una situación de vulnerabilidad marcada por el dolor del pecado, pero también por la esperanza de recuperar la amistad con Dios.
Al referirse a la segunda lectura, destacó que, frente a la desobediencia de los primeros padres, la obediencia de Cristo al Padre hizo posible la restauración y el rescate de la humanidad.
Sobre el Evangelio, monseñor Colombo se detuvo en los cuarenta días de Jesús en el desierto, antes de iniciar su ministerio público, y los vinculó con los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto. Indicó que ese tiempo simboliza una etapa de preparación y prueba, marcada por tentaciones como el hambre, la desconfianza y la idolatría.
En ese marco, explicó las tres tentaciones de Jesús. En la primera, ante el hambre, Cristo responde que "no solo de pan vive el hombre", marcando distancia del uso que el tentador hace de la necesidad. En la segunda, cuando es invitado a poner a prueba a Dios, Jesús afirma: "No tentarás al Señor", y rechaza confiar en sus propias fuerzas en lugar del mandato del Padre. El arzobispo señaló que esta tentación acompañó a Jesús hasta la cruz, cuando fue desafiado a salvarse a sí mismo.
Al abordar la tentación del poder y del control, sostuvo que Jesús rechaza una autoridad basada en el dominio y recordó que esa inclinación también se manifiesta enla vida cotidiana, en los vínculos familiares y laborales, donde pueden surgir actitudes de control nacidas de la inseguridad.
En el inicio de la Cuaresma, el arzobispo invitó a los fieles a dejarse acompañar por el Padre y a vivir la obediencia a sus mandatos como camino para "serenar el espíritu y poner en orden la casa interior". Concluyó animando a decir a Dios: "Sí, aquí estoy; he venido para hacer tu voluntad".+