Mons. Castagna: 'El hombre, buscado por Quién es la Resurrección y la Vida'

  • 20 de marzo, 2026
  • Corrientes (AICA)
El arzobispo emérito de Corrientes destacó que "Cristo -muerto y resucitado- se constituye entonces en la Resurrección y la Vida, para quienes se disponen a celebrarlo en sus vidas ordinarias".

Monseñor Domingo Castagna, arzobispo emérito de Corrientes, recordó que "los ricos contenidos de fe, que no deja de exponer y celebrar durante tiempos fuertes -como la Cuaresma- están destinados a todos los hombres en ella involucrados".

"Lo es quien en la actualidad está muerto, a causa del pecado y, no obstante, buscado por Quien es la Resurrección y la Vida", subrayó y planteó: "Ya huelen mal -por la corrupción de la carne y del espíritu- quienes Jesús busca sin repugnancia y les devuelve la vida, en otra Vida, destinada a ser eterna". 

"Qué poco se incluye esta verdad en las expectativas personales y sociales de hombres y mujeres, que se empeñan en construir su mundo, al margen de Dios", lamentó.

El arzobispo emérito sostuvo que "la celebración de la Cuaresma es preparación para celebrar a Quien es la Resurrección y la Vida. Celebrar es dejarse impregnar por dicha celebración. Cristo -muerto y resucitado- se constituye entonces en la Resurrección y la Vida, para quienes se disponen a celebrarlo en sus vidas ordinarias".

Texto de la sugerencia
1. La muerte del amigo Lázaro. El amor que Jesús profesa a la familia de Betania pone de relieve su auténtico humanismo. Ama a su Madre, ama a José, a sus apóstoles, también a Lázaro, a María y a Marta. Retarda su viaje a Betania, para que su poder sobre la muerte quede de manifiesto. Acude al llamado de sus amigas cuatro días después de sepultado Lázaro. Llora con ellas, aun sabiendo  que se lo devolvería vivo. El legítimo dolor humano lo conmueve, y se lo apropia, con toda la carga emotiva que trae aparejado. Llora con Marta y María, aun sabiendo que su amigo Lázaro volvería a la vida: "Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: "¿Dónde lo pusieron?". Le respondieron: "Ven, Señor, y lo verás". Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: "¡Cómo lo amaba!" (Juan 11, 33-35). El amor causa llanto, ante el sufrimiento de las personas amadas. Jesús muestra, con claridad, que el sufrimiento, de quienes amamos, duele más que el propio. El amor entrañable a María y a Marta hace que, por causa de las penas de aquellas mujeres, y de los amigos judíos, Jesús se conmueva hasta el llanto. La humanidad del Señor manifiesta su innegable realismo en el llanto, con quienes lloran la pérdida del hermano y amigo. Jesús resuelve la causa del sufrimiento, sin eximir del mismo a quienes lo padecen. Él se involucra sufriendo con ellos, aun sabiendo que recuperaría a Lázaro de la muerte temporal: "Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas". Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". Marta le respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día". Jesús le dijo: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás" (Juan 11, 21- 26).

2.- La muerte es vencida por la Vida, y el error por la Verdad. Jesús es más que el dador de la Vida, es la Verdad y la misma Vida que se ofrece a los hombres. La muerte es vencida por la Vida, y el error por la Verdad. Cristo no es un resucitador de muertos, es la Resurrección de los que -por el pecado- han muerto a la Vida verdadera. Por la fe en Él, los muertos resucitan para siempre. La ausencia de fe en Cristo constituye la fuente de todas las desilusiones. Un número destacado de cristianos sucumbe al embate de la incredulidad del mundo, y no logra  que la esperanza pascual, otorgue sentido a la inevitabilidad de la muerte. Marta y María creen en Jesús y -no obstante- sufren la separación temporal de su hermano Lázaro, sin perder la perspectiva del reencuentro, en la eternidad, donde quienes creen en Cristo "aunque mueran vivirán". Lo confiesa explícitamente Marta, sin dejar de lamentar que la presencia del Señor hubiera evitado aquella muerte. Finalmente reconoce que Jesús es superior a la muerte y la vence. Su Amigo y Señor será siempre escuchado por el Padre, hasta el grado de superar la muerte temporal con  la Vida para siempre. Su tardanza intencional responde a la necesidad de que la gloria del Padre sea conocida en su presencia filial. Es su propósito, al cumplir la misión que le corresponde, sujetarse absolutamente a la voluntad del Padre. De esa manera, se constituye en modelo de sus discípulos y de todos los hombres. Así, obediente al Padre, ve transcurrir su vida entre los hombres. Los sentimientos de Jesús son transmitidos a quienes creen en Él. La recomendación de San Pablo encuentra un sentido nuevo y actual: "Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Él, que era de condición divina, no consideró esa igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres". (Filipenses 2, 5-7) El amor hace locuras, cuando es auténtico y definitivo. Dios ama a los hombres y, en su Verbo, se hace Hombre para salvarlos. Quien no está dispuesto al "anonadamiento" no ama de verdad.

3. La locura humana del Hijo de Dios. Jesús nos enseña a ser hijos de Padre y hermanos de los más inamables de los hombres. Es la locura humana del Hijo de Dios, al encarnarse. La aceptación de la Cruz es la prueba mayor de su locura de amor. Es preciso recordar sus expresiones: "Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio" (Mateo 11, 29). Al hacerse pobres como Jesús, los hombres encuentran alivio y paz. Recordemos a San Francisco de Asís, que manifestó un gozo inefable al hacerse pobre con Jesús. Es la alegría misteriosa del anonadamiento, que Cristo adopta contrariando todas las normas del bienestar mundano. Los santos - todos ellos - han manifestado una osadía admirable en el seguimiento de Jesús. A ejemplo de los Apóstoles han renunciado a todo para formar, con su Maestro, una familia amalgamada en la fidelidad al Padre. Es un sendero abierto a quienes desean unirse a Cristo y edificar con Él una cultura espiritual renovada y renovadora.  La fe en Él causa la decisión de no apartarse de ese sendero. Incluye el esfuerzo generoso por ser fieles al llamado emitido desde el Bautismo y continuamente alimentado por la oración y la Eucaristía. El cristiano verdadero no se encierra en la mediocridad de una práctica religiosa tediosa e incomprometida. Se deja guiar por el Espíritu -Don del Padre y del Hijo- en plena actividad inspiradora y santificadora. El Tiempo de Cuaresma "prepara", para un encuentro más profundo con el Misterio, que la fe expone como conocimiento y realiza como Vida. Tanto la Verdad y la Vida, a las que conduce el Camino, es Cristo mismo: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Juan 14, 6). Es preciso responder con la propia vida a la conclusión, a la que Jesús llega, en su enseñanza. Durante la Cuaresma, la Iglesia docente no deja de transmitir la verdad que el mundo, sin ser consciente de ello, espera recibir de ella. Lo hace a través de la predicación y de la Liturgia. Los ricos contenidos de fe, que no deja de exponer y celebrar durante Tiempos fuertes -como la Cuaresma- están destinados a todos los hombres en ella involucrados.  

4. El hombre, buscado por Quién es la Resurrección y la Vida. Lo es quien en la actualidad está muerto, a causa del pecado y, no obstante, buscado por Quien es la Resurrección y la Vida. Ya huelen mal -por la corrupción de la carne y del espíritu- quienes Jesús busca sin repugnancia y les devuelve la vida, en otra Vida, destinada a ser eterna. Qué poco se incluye esta verdad en las expectativas personales y sociales de hombres y mujeres, que se empeñan en construir su mundo, al margen de Dios. La celebración de la Cuaresma es preparación para celebrar a Quien es la Resurrección y la Vida. Celebrar es dejarse impregnar por dicha celebración. Cristo -muerto y resucitado- se constituye entonces en la Resurrección y la Vida, para quienes se disponen a celebrarlo en sus vidas ordinarias.+