Sábado 13 de julio de 2024

Reunión del Papa con un líder tribal ambientalista de Papúa Nueva Guinea

  • 9 de mayo, 2024
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En preparación de su viaje al país oceánico en septiembre, el pontífice se reunió con el líder de la tribu de los huli, la cual constituye una de las más de 600 comunidades indígenas de esa nación.
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En preparación a su viaje al continente asiático y a Oceanía, el más largo de su pontificado, a realizarse del 6 al 13 de septiembre -que abarcará la visita a cuatro países: Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Timor Oriental y Singapur-, el Papa Francisco recibió en el Vaticano al jefe papú, Mundiya Kepanga, oriundo de Papúa Nueva Guinea, situada al norte de Australia, donde la cuarta parte de los bosques ha sido destruida en los últimos 30 años.

La deforestación es una de las amenazas más acuciantes para el planeta, y Francisco lleva denunciándolo desde la publicación, en junio del 2015, de la encíclica Laudato si’, su particular alegato para salvar el medio ambiente, que suscribe punto por punto Kepanga.

Este jefe tradicional de la tribu Huli —que habita desde hace siglos en Tari, un pequeño pueblo a más de 2.000 metros de altitud— recorrió medio mundo para transmitir el mensaje que heredó de sus ancestros: cada vez que un árbol cae abatido, una parte de la humanidad muere con él. Su país contiene casi el 5 % de la biodiversidad mundial, pero la tala de árboles, perpetrada sobre todo por empresas extranjeras, ha dejado grandes zonas despobladas de vegetación. La extracción de madera ha convertido, desde 2015, a Papúa Nueva Guinea en el primer país exportador mundial de madera tropical.

Militante en favor del medio ambiente
Por su condición de jefe tradicional, Mundiya Kepanga ejerce de mediador en conflictos territoriales y casos de robo de ganado. Pero, desde mediados de 2010, también milita a favor del medio ambiente y viaja regularmente para participar en foros internacionales.

Este líder de la tribu de los huli, una de las más de 600 comunidades indígenas del país oceánico, cuya alimentación se compone principalmente de boniato, visitó la sede de la UNESCO en París hace dos años. Pero la primera vez que viajó a Francia fue para participar en la COP (Conferencia de París sobre el clima), en 2015, cuando comprendió “que el mundo entero se enfrentaba al cambio climático y que ese problema no solo nos afectaba a los papúes. Entendí que había un interés de la humanidad por escuchar el mensaje de mis antepasados”, señaló en la sede de la UNESCO, ante un auditorio repleto, en 2022.

“Con la caída de esos árboles, desaparecen unos gigantes únicos de la humanidad”, señaló entonces Kepanga, “Nunca más volveremos a verlos. Y hoy en día, con el cambio climático, no sabemos si esos árboles volverán a crecer”, añadió. 

Cultivos con parásitos y clima adverso
Tal y como recuerda, su comunidad se alimentaba de los plátanos y boniatos «que nosotros mismos cultivábamos en el jardín, y esos productos no requerían ningún intercambio de dinero. “Con la mundialización, nuestra relación con el dinero experimentó un cambio. Ahora vendemos leña para hacer fuego, y hacemos dinero con las setas, las mariposas, nuestra propia tierra e incluso con lo que hay debajo», describió. De hecho, ahora en su aldea, los niños quieren tener teléfono móvil y vivir en la ciudad”, expresó. 

“Los jóvenes quieren la modernidad, pero, por otro lado, siguen muy vinculados a la tierra, las montañas, los bosques y la espiritualidad”, declaró Mundiya, que también dejó claro que no se opone al desarrollo, ya que “antes, un simple caso de diarrea podía acabar con toda una aldea”, aseguró.

Sin embargo, su principal batalla es hacer consciente al mundo de cómo los efectos del cambio climático han envenenado la tierra de los hulis. Por ejemplo, los cultivos de boniato —que antes alimentaban a toda su tribu— ahora están plagados de parásitos invasores, mientras que las temperaturas aumentan, las precipitaciones escasean y las fuentes y los pantanos se secan. Desde hace diez años, se nota realmente un cambio, resaltó el jefe en la UNESCO.

La otra amenaza que se cierne sobre los bosques de los hulis es un enorme proyecto de gas natural licuado, liderado por una empresa extranjera, que ha soliviantado a los propietarios de tierras, que además todavía no han recibido ningún beneficio de la venta del gas en sus tierras. Kepanga, entonces, encontró en el Papa un aliado para salvar el planeta y a su nación de la avidez de las empresas extractoras.+