"Este misterio es la plenitud y la expresión mayor del amor y de la salvación de Dios a la humanidad", aseguró el obispo de Formosa.
"Acompañar a Jesús es también salir al encuentro de los crucificados de hoy: los pobres, los enfermos, los solos, los que están tristes o sin fe, los que tienen la vida rota", recordó el arzobispo.
Un grito profético que el obispo neuquino animó a renovar en esta Pascua. "Que la Pascua nos renueve a todos en la paz, en la alegría y en la esperanza", deseó en su reflexión mensual.
El arzobispo estimó que se pondría mayor empeño y fervor en las misas, si los sacerdotes recordaran que "cuando se disponen a celebrar la Eucaristía, sumergen al mundo en la sangre de su Salvador".