Referente laical con proyección internacional, presidió el Consejo Nacional y dejó una huella profunda en la vida apostólica del país. Sus restos fueron velados en el Memorial de Pilar.
Esta propuesta está orientada a formar líderes sociales que, nutridos en valores humanista-cristianos, sean capaces de asumir un servicio transformador orientado al bien común.
Ante una basílica colmada, monseñor Scheinig presidió la Eucaristía e invitó a renovar el llamado a ser "sal de la tierra y luz del mundo" a la luz del testimonio del beato.
La decisión pontificia destaca el testimonio cristiano de un laico argentino que vivió la fe en la familia, la empresa y el compromiso social, como servicio al bien común.