León XIV: sentir en las cenizas el peso de un mundo en llamas
- 18 de febrero, 2026
- Roma (Italia) (AICA)
León XIV presidió la Misa de inicio de la Cuaresma, denunciando las "estructuras" de pecado de carácter económico, cultural, político y religioso. Llamado a la conversión y la reconstrucción.
El papa León XIV en la Misa del Miércoles de Ceniza en la Basílica Santa Sabina de Roma (VaticanMedia)
"Reconocer nuestros pecados para convertirnos es ya un presagio y testimonio de resurrección: significa no quedarnos entre las cenizas, sino resurgir y reconstruir", expresó el papa León XIV al presidir esta tarde, en la Basílica de Santa Sabina, de la capital italiana, la misa del Miércoles de Ceniza, hablando de una "pedagogía penitencial" de la Cuaresma que se aplica al contexto actual de conflictos globales y crisis ambientales.
El pontífice suele visitar el Monte Aventino, en el corazón de Roma, solo una vez al año: el Miércoles de Ceniza. Siguiendo esta antigua tradición, el León XIV inició la Cuaresma de este año con una procesión penitencial y una misa en la iglesia dominicana primitiva del Monte Aventino.

Tras una breve oración en la iglesia benedictina de San Anselmo, el pontífice, acompañado de cardenales, obispos y religiosos, se dirigió en procesión a la cercana Basílica de Santa Sabina, uno de los muchos monumentos a los mártires que constituyen el fundamento de la Iglesia en Roma, con el solemne canto de las Letanías de los Santos.
Durante la misa en esta histórica iglesia, el Papa distribuyó la ceniza: un símbolo que nos recuerda la transitoriedad de todo lo terrenal.
Comunidad y responsabilidad
El pontífice enfatizó en su homilía que la Cuaresma es un tiempo para reconstruir la comunidad. "Sabemos lo difícil que es cada vez más reunir a la gente y sentirse como pueblo, no de forma nacionalista y agresiva, sino en comunión", dijo. La verdadera comunidad nace cuando uno reconoce sus propios pecados y asume la responsabilidad del mal, que "no proviene de supuestos enemigos, sino que ha tocado los corazones".

Calificó este enfoque de "contracorriente", pero "cuando es tan natural admitir la propia impotencia ante un mundo en llamas", es "una alternativa real, honesta y atractiva". "La Iglesia también existe como profecía de comunidades que reconocen sus propios pecados", señaló.
Un mundo en llamas
Refiriéndose a los jóvenes, el Papa señaló que muchos, incluso en entornos secularizados, están redescubriendo el significado del Miércoles de Ceniza. "Una vida más justa es posible", dijo, instando a todos a comenzar con "lo que es posible y con quienes están con nosotros". Citando a San Pablo: "Ahora es el tiempo favorable; ahora es el día de la salvación".
"Hoy podemos reconocer la profecía contenida en estas palabras y sentir en las cenizas depositadas sobre nosotros el peso de un mundo en llamas", dijo el Papa, señalando "ciudades enteras destruidas por la guerra, las cenizas del derecho internacional y la justicia entre las naciones, las cenizas de ecosistemas enteros y la armonía entre los pueblos, las cenizas del pensamiento crítico y de las antiguas sabidurías locales, las cenizas de ese sentido de lo sagrado que está presente en cada criatura".

"¿Dónde está su Dios?", pregunta el pueblo en el libro del profeta Joel. "La historia nos lo pregunta, y antes aún, nuestra conciencia", enfatizó el Papa. Explicó: "Reconocer nuestros pecados para convertirnos es ya anuncio y testimonio de la resurrección: significa no solo detenerse en las cenizas, sino resurgir y reconstruir".
La tradición de las iglesias de estación
La Cuaresma, como enfatizó León XIV, exige cambios de rumbo que hagan más creíble el mensaje cristiano. El Papa recordó la antigua tradición romana de las estaciones cuaresmales, señalando que se refieren tanto a estar en camino -como peregrinos- como a detenerse -statio- en los 'memoriales' de los mártires, sobre los cuales se alzan las basílicas de Roma.
"Reorientemos todo nuestro ser, todo nuestro corazón, hacia Él, con sobriedad y alegría".+
