Sábado 21 de marzo de 2026

Mons. García Cuerva: 'Dios mira el corazón y nos llama a ser hijos de la luz'

  • 18 de marzo, 2026
  • Buenos Aires (AICA)
El arzobispo de Buenos Aires invitó a revisar las propias cegueras y a dar testimonio cristiano en un contexto marcado por la oscuridad social.
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En su homilía del cuarto domingo de Cuaresma, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, propuso una profunda reflexión sobre la mirada de Dios, la luz y las distintas formas de ceguera que atraviesan la vida personal y social.

A partir de las lecturas bíblicas, el prelado destacó que Dios no se detiene en las apariencias, sino que "ve el corazón", retomando el pasaje del libro de Samuel en el que es elegido David, el menor e inesperado entre los hijos de Jesé. En ese sentido, llamó a los fieles a revisar la propia manera de mirar a los demás, muchas veces condicionada por prejuicios o superficialidades.

"El hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón", recordó, y subrayó que la mirada divina está marcada por el amor y la profundidad, a diferencia de una mirada humana que, en ocasiones, puede resultar "miope" o incluso cruel.

La mirada del amor
El arzobispo porteño utilizó una imagen cercana para explicar esta perspectiva: comparó la mirada de Dios con la de quienes aman de verdad, especialmente la de una madre, capaz de reconocer tanto defectos como virtudes en su totalidad. Desde allí, invitó a pedir la gracia de purificar la propia mirada, dejando atrás juicios apresurados y actitudes condenatorias.

En relación con la segunda lectura, tomada de la carta a los Efesios, monseñor García Cuerva señaló que los cristianos están llamados a vivir como "hijos de la luz", al manifestarlo en sus acciones bondad, justicia y verdad. "Cuanto más buenos, más justos y más comprometidos con la verdad, más reflejamos esa luz", afirmó.

Al mismo tiempo, advirtió sobre el contexto actual, al que describió como atravesado por diversas formas de oscuridad: la injusticia, el narcotráfico, la guerra y la fragmentación social. Frente a este escenario, alentó a no apagarse, sino a ser testigos activos del Evangelio.

"El desafío es cómo iluminar esas tinieblas desde la vida cotidiana, con gestos concretos de fraternidad", expresó.

Al referirse al Evangelio del día, centrado en la curación del ciego de nacimiento, el arzobispo profundizó en una dimensión más amplia de la ceguera: aquella que no es física, sino espiritual. En este sentido, advirtió que "no hay peor ciego que el que no quiere ver", en alusión a la actitud de los fariseos que, pese al milagro, se niegan a reconocer la acción de Jesús.

"Nos gana la envidia, el odio o el egoísmo"
El arzobispo invitó a un examen personal sobre aquellas realidades que se evitan o se niegan: conflictos familiares no asumidos, indiferencia ante el sufrimiento ajeno o incapacidad de alegrarse por el bien de los otros. "Muchas veces no vemos porque nos gana la envidia, el odio o el egoísmo", señaló.

En el tramo final de su predicación, monseñor García Cuerva citó la obra Ensayo sobre la ceguera del escritor portugués José Saramago, para profundizar en la dimensión humana de este fenómeno. Retomó una frase significativa: "La pérdida de la vista no te hace ciego; es la pérdida de la humanidad lo que hace al hombre ciego".

A partir de esta idea, advirtió sobre el riesgo de una sociedad que pierde rasgos de fraternidad, solidaridad y amistad social, lo que conduce a una forma de ceguera colectiva.

Finalmente, el arzobispo de Buenos Aires elevó una oración para que Dios "cure las cegueras profundas", permita mirar más allá de las apariencias y fortalezca el compromiso de ser luz en medio de las dificultades actuales.+