Martes 17 de febrero de 2026

Mons. Ojea pídió ser responsables en el cuidado del planeta y de la humanidad

  • 17 de febrero, 2026
  • San Isidro (Buenos Aires) (AICA)
El obispo emérito de San Isidro advirtió sobre la incapacidad de detenerse a comprender la historia y la situación del prójimo, que impide abordar los problemas comunes de la humanidad.
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El obispo emérito de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, compartió su reflexión para el sexto domingo del tiempo durante el año, centrada en la enseñanza de Jesús sobre el cumplimiento profundo de la ley y su impacto en la vida personal y social. 

En su mensaje, subrayó que Cristo no propone un mero cumplimiento externo de los mandamientos, sino una transformación interior que alcance pensamientos, palabras y actitudes.

Al referirse al mandamiento "No matarás", Ojea explicó que Jesús advierte que también se puede "matar con el corazón", cuando se acumulan pensamientos negativos, insultos o prejuicios hacia el prójimo. "Todo comienza con el pensamiento", señaló, advirtiendo que la condena interior suele derivar en palabras y acciones que generan violencia y exclusión.

El obispo emérito retomó el relato bíblico de Caín y Abel para ejemplificar cómo el resentimiento y la falta de comprensión del otro conducen a la ruptura y al daño. En ese marco, sostuvo que la incapacidad de detenerse a comprender la historia y la situación del otro alimenta un "estado interior de violencia" que impide abordar los problemas comunes de la humanidad.

En relación con la realidad actual, Ojea vinculó esta violencia interior con los graves desafíos globales, como el calentamiento global y los desequilibrios climáticos, que se manifiestan en inundaciones, incendios y catástrofes naturales. Citando al papa Francisco, recordó que estas problemáticas exigen una "gobernanza mundial" y la superación de prejuicios culturales y sociales.

Finalmente, destacó la necesidad de una verdadera ecología humana, basada en el reconocimiento de que "la cultura del diferente agrega elementos fundamentales para poder resolver problemas que nos trascienden". Y advirtió que la alternativa a este camino es "un mundo sin esperanza", marcado por desigualdades, violencia y falta de futuro, invitando a asumir una responsabilidad común como hijos de Dios en el cuidado del planeta y de la humanidad.+