León XIV: la fe cristiana exige 'gestos concretos' de solidaridad
- 8 de febrero, 2026
- Ciudad del Vaticano (AICA)
Ante del rezo del Ángelus dominical, el Papa reflexionó sobre las imágenes de "sal" y "luz" que propone el Evangelio, vinculándolas a la necesidad de combatir la injusticia social.
El papa León XIV durante el rezo del Ángelus dominical en la Plaza de San Pedro (VaticanMedia)
El papa León XIV afirmó hoy, domingo 8 de febrero, que la fe cristiana exige gestos concretos de solidaridad, subrayando que Dios nunca considera a nadie como "desechable".
"Cuántas personas -quizás nos pasó también- se sienten descartables, imperfectas. Es como si su luz se hubiera ocultado. Jesús, sin embargo, nos anuncia un Dios que nunca nos descartará, un Padre que guarda nuestro nombre, nuestra singularidad", declaró el pontífice desde la ventana del Palacio apostólico.
Ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus, el Papa reflexionó sobre las imágenes de "sal" y "luz" que propone el Evangelio de este domingo, vinculándolas a la necesidad de combatir la injusticia social.
León XIV citó al profeta Isaías para enumerar las actitudes que dan "sabor" a la vida: "Compartir el pan con el hambriento, acoger en casa al miserable y al sin techo, vestir al que veas desnudo y no olvidar a tu prójimo y a los de tu casa".
"Son verdaderamente -dijo- los gestos concretos de apertura y atención hacia los demás los que reavivan la alegría. Ciertamente, en su sencillez, nos ponen a contracorriente.
El Santo Padre advirtió contra la tentación del poder y de la vanidad, recordando que Cristo mismo rechazó, en el desierto, los caminos de "afirmar la propia identidad, exhibirla, tener el mundo a sus pies".
"Jesús rechazó los caminos en los que perdería su verdadero sabor, el que encontramos cada domingo en el Pan partido: la vida entregada, el amor que no hace ruido", subrayó.
Para León XIV, la comunidad cristiana debe ser como una "ciudad sobre una colina", pero "sin ningún tipo de ostentación", llegando a ser "no sólo visible, sino también atractiva y hospitalaria, la ciudad de Dios, donde, en lo más profundo, todos desean habitar y encontrar la paz".
"En verdad, es la verdadera alegría la que da sabor a la vida y saca a la luz lo que antes no existía. Después de encontrarla, todo lo que se aleja de su pobreza de espíritu, su mansedumbre y sencillez de corazón nos parece insípido y opaco", concluyó.+
